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“Había una vez una ciudad en la que los habitantes eran o muy ricos o muy pobres. Entre estos antagónicos seres, existía una rara clase de animales: La clase media”.

Ovidiu Gorea vive aún con sus padres. Y no es precisamente la gran vida: constantemente lo hacen consciente de que es un parásito para ellos porque les está devorando su jubilación. Por ejemplo escuchan música navideña todos los días para hacerle ver que no creen que vivirán hasta navidad. Al menos no con un hijo como él.

Ovidiu debe tener fácilmente más de cuarenta y cinco y su gran anhelo en la vida es llegar a ser un escritor reconocido. Pero no lo es y tampoco está cerca de estarlo. Consciente de su realidad, hace clases de literatura rumana del siglo XIX en un colegio local en donde todo es caos, todo es desastre. Donde los alumnos hacen lo que quieren, y el profesor no tiene autoridad. Su vida es un arquetipo de la clase media. Se trata de una personificación de aquel estrato social: vive con lo justo, a expensas de otros, se aprovechan de él, no es feliz, es iluso, vive resignado, vive en la cotidianidad… Vive y al mismo tiempo no  vive. Algo así como un zombie. Pero su vida dará un giro cuando conozca a Diana, una preciosa jóven que dice ser la hermana del alumno más problemático de su clase.

Para ganarse el amor de Diana intenta ser alguien que nunca será: un millonario.

Sin embargo la cosa está difícil: ¿Cómo una chica tan linda como Diana se fijaría en semejante perdedor? Quizás lo haría en un perdedor con plata pero Ovidiu no tiene donde caerse muerto. Afligido, recurre a una oscura taberna subterránea bohemia en donde se juntan intelectuales, escritores y la escena local artística a divagar, filosofar, engreírse y a nublar el ambiente con humo de habanos baratos. Alguien ahí podría ayudarlo. Comprar su novela o al menos leerla.

Pero para su desdicha, el único que le prestó atención fue un pordiosero. Se trataba de un poeta callejero caído en desgracia que recitaba sus creaciones a cambio de un vaso de vodka. Así pasaron el rato hasta que finalmente éste en agradecimiento le sugiere visitar a Pavel Puiutz (mejor conocido como “Don Pepe”), un supuesto filántropo quien podría ayudarle.

La Fundación Filantrópica: limosna organizada

Desesperado, va a su encuentro. Toca el timbre y una secretaria algo desaliñada le abre la puerta. Le dice cuál es la oficina y se retira rápidamente. Don Pepe es el mandamás. El amo y señor, el benefactor y líder supremo de la Fundación Filantrópica. Pero de fundación poco y de filantrópica nada. En honor a la verdad, Don Pepe desprecia al género humano. Al menos al género más común. Ése que se sitúa entre los más ricos y los más pobres. Me refiero a la clase media. Clase que Don Pepe no considera que esté compuesta por humanos.

Básicamente, su negocio funciona así: llegan a su oficina fracasados, muertos de hambre, discapacitados en busca de ayuda económica. Y es Don Pepe quien se las ofrece. ¿Cómo? de la siguiente manera: Primero los ve; luego, los tasa. Un análisis de pies a cabeza. Surge una que otra idea interesante y finalmente los etiqueta. De este modo le asigna -por ejemplo- a un amputado que pasó la prueba y será contratado, lo siguiente: “serás un veterano de guerra que dejó su pierna y ojos en Stalingrado”. ¡Brillante! sencillamente brillante. Un veterano de guerra. Lo que hace este estafeta es inventar limosneros. Podría decirse que el negocio de la fundación más bien parece asemejarse al crimen organizado. Sí, a la corrupción, coimas, y amenazas; con territorios establecidos para delinquir y con policías que se hacen los ciegos. Pero en este caso no hay crímenes, hay mendigos. Entonces digamos que se trata de “Limosna organizada”. Cada mendigo en su sector encarnando a su propio personaje y con una historia que hacer creer. Con su matón respectivo al que rendirle cuentas y al mismo tiempo ganando dinero. Una vida fácil que remunera más que otras profesiones. Otras profesiones como la de ser profesor de literatura rumana del siglo XIX en una escuela pública.

Don Pepe (izq.) considerado como “el hombre más inteligente del mundo”, es capaz de inventar toda clase de limosneros. Su creatividad no tiene limites.

El modelo de negocios de Don Pepe funciona en base a la lástima. Y el mecanismo de ésta se resume en una buena historia. El axioma es simple: “si la mano que pide no tiene una historia no obtendrá un centavo” o dicho de manera proverbial: “una mano estirada sin una historia no recibe caridad”. Así al menos Don Pepe se lo explica a Ovidiu. Pero detrás de este modelo de negocios hay cosas en juego. Solo para empezar propongo la dignidad y el amor propio. Hay que caer muy, muy bajo para adentrarse en este mundo de mentiras y humillaciones. Hay que ser realmente un sin futuro para caer en este jueguito del padre benefactor que ayuda a la oveja negra del rebaño. Un sin futuro o un muy iluso. Bueno… Ovidiu Gorea es desafortunadamente ambas cosas a la vez. Necesita a como de lugar mucho dinero para aparentar ser alguien que no es y así conquistar a la bella Diana. Porque Diana podrá ser pobre pero como se trata de una linda modelo publicitaria, acostumbra a llevar una buena vida a costa de uno que otro ricachón que la consiente y llena de lujos. Está decidido: por ella su honor, autoestima y orgullo pueden irse a la mierda. Al menos de lunes a viernes. Porque el fin de semana Ovidiu se convierte en todo un príncipe. El más rico entre los ricos. En el rey de reyes. Con una personalidad seductora y autoconfianza nunca antes vista; un Don Juan en todas las de la Ley. Pero para llegar a ser quien necesita ser, deberá ser lo opuesto durante la semana. Dar lástima públicamente. Y para ello Don Pepe preparó su personaje: será un hombre triste, casado y que sale a comer junto a su señora para celebrar sus diez años de matrimonio. El modus operandi consiste en captar la atención de los comensales haciendo un escándalo por la elevada cuenta que le entregaron. A base de súplicas, llantos y promesas, la desdichada pareja logra comunicar la buena historia, el axioma clave que hace funcionar la caridad. Lo consiguen una y otra vez. Una y otra vez, una y otra vez…Lo fundamental es captar la atención, si no lo logran, no hay circo y si no hay circo, no hay pan.

TRAILER (sin subtítulos)

La apuesta del director rumano Nae Caranfil me pareció interesante. Con un humor negro muy bien logrado, que no exagera y que se encarga de ir hilvanando la historia. Filantropica consigue reflejar esa realidad tan cruda de los que no son ni ricos ni pobres. De los que son a fin de cuentas los más ignorados. Lo que pasan eternamente desapercibidos. El promedio. Los perros callejeros. Los que son los pilares de la  burocracia. Los que llegan en la mañana a marcar tarjeta, trabajan como burros, almuerzan una miseria para luego llegar a casa de noche tras un agotador viaje brindado por el transporte público.

Para ir terminando, me llevé una grata sorpresa. Siempre da gusto encontrarse películas como ésta. Que son a la vez tan entretenidas como crueles. Tan comedia comedias como sátiras. Que evocan sonrisas pero también compasión. Muy recomendada.

Ojo con: el baile de la naranja, “Domident”, la prueba sorpresa, del porqué la música navideña, la máquina de escribir, en los perros y en cómo fuman los ricos.

Philanthropy (2002)
Philanthropy poster Rating: 8.6/10 (8,549 votes)
Director: Nae Caranfil
Writer: Nae Caranfil
Stars: Mircea Diaconu, Gheorghe Dinica, Mara Nicolescu, Viorica Voda
Runtime: 110 min
Rated: N/A
Genre: Comedy, Drama
Released: 15 Mar 2002
Plot: Ovidiu, a high-school teacher looking for an extra buck, finds an unexpected way to earn easy money.