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Volvemos con una nueva entrega de Filmografía clave, espacio en donde hago una revisión de las películas dignas de destacar dentro de la filmografía de directores notables.

En esta ocasión el director escogido es el gran Paul Verhoeven, maestro de un cine violento y explícito, muy sexual y sin embargo lleno de acción.

La primera de muchas: Delicias holandesas (1971)

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Se trata de una extraña comedia que pretende reflejar la vida de dos prostitutas y ese bizarro ambiente en el que viven. No se trata de ninguna maravilla. La comedia no consigue más que confusión. Es más bien mala pese a contar con personajes de lo más interesantes y atractivos. Una comedia que no satisface y personajes que no se explotan. Pero con una buenísima fotografía. Planos experimentales e interesantes. La verdad está aquí por ser la opera prima, pero nada más.

Llena de libido: Delicias turcas (1973)

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Sucia, vulgar, erótica, violenta. Genitales y vello púbico. Palabras sucias, un degenerado. Rutger Hauer es quien encarna a Erik, el protagonista de esta historia. Sin duda su participación en esta película le significó saltar a la fama fuera de su Holanda natal. La carrera de Hauer se dispararía llegando a Hollywood y participando en películas de culto como en Blade Runner.

Delicias turcas es una visión desinhibida del sexo mismo. Que guarda recuerdos en una bitácora de sus conquistas. Una y otra y otra y otra. De eso se trata Delicias turcas. Un hombre que lanza desubicados comentarios después del sexo y osadas declaraciones como “Solo utilizo la parte de abajo”, “cojo mejor que Dios” Una película en donde predomina la piel por sobre la ropa. La más excéntrica de Verhoeven con una notoria carga sexual y una trama que evoluciona y no se estanca. 

 

Trainspotting se queda chica: Spetters (1980)

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Decadencia, pandillas y motos. Momentos crudos, nihilistas, inmorales,  incluso de misantropía. Verhoeven se adentra en la clase obrera de Rotterdam y la retrata en una serie de situaciones tan jocosas como crudas. Un accidente desesperanzador, una mujer calculista y ambiciosa, homofóbicos que no son lo que aparentan. Y la guinda de la torta: Verhoeven ambienta la historia en los bajos fondos, en donde los proxenetas, locos y ladrones mandan. Y donde las putas obedecen. Y donde los pandilleros hacen rugir sus motocicletas. Una atmósfera donde se respira decadencia.

“Spetters” es un modismo holandés que se asemeja al “mijito rico” chileno. Buen mozo, popular entre las mujeres, pero con una conducta más bien ruda. De macho. Y eso es lo que vemos: motociclistas que se creen el cuento. Y que por medio del ambiente buscan escaparse de sus problemas. Una notable película poseedora de un humor más negro que el humo que sale de los tubos de escape. 

Esta película no solo provocó eco en la sociedad holandesa de los 70’s. Sin duda se instauró como un paradigma de cómo retratar la decadencia de la juventud a pulso y sin tapujos. La genial Trainspotting de Danny Boyle no es más que una heredera de Spetters. De ello no hay duda. Claro que a la moderna, más light y comercial.

Ojo con: la escena del túnel.

 

Un drama bélico con gusto a thriller: El libro negro (2006)

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Por mucho tiempo pensé que jamás volvería a ver una película sobre nazis tan notable como Das Boot. Y esto porque el tema está viciado hace rato. Suelen apuntar a dejar a los gringos como héroes y a los alemanes como los grandísimos hijos de puta que fueron. Das Boot muestra el lado humano de soldados que no creen el gran relato propagandístico del régimen y que se encuentran en las entrañas mismas del mar, en un submarino rumbo a Francia, solo por haber nacido en el tiempo y lugar equivocado.

El sello de distinción en esta historia y lo que hace en definitiva una propuesta interesante, es que tenemos a una mujer como protagonista. Una mujer judía que se hace pasar por aria y para ello se tiñe hasta el último pelo de su cuerpo (sí, ahí también). La película cuenta con ritmo, no afloja y evoluciona de una manera exquisita. Cada detalle consigue su maduración en el momento más inesperado.

Buena fotografía, grandes diálogos y una ambientación que huele a pólvora y a perfume de mujer. Se trata de una película que hace hervir la sangre y que tiene evidentes elementos del cine de Hitchcoock como Macguffins que inquietan y generan suspenso en su máximo estado de pureza.

Si te gustó Bastardos sin gloria de Tarantino, esta te encantará. La brutalidad como motor de acción y personajes bien desarrollados hacen de esta película una imperdible del cine de época. Con El libro negro Verhoeven vuelve a sus orígenes.