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Mary and max es de ese tipo de películas raras que invitan al espectador a dejarse sorprender por la simpleza e inocencia de una historia sencilla y sin mayores parafernalias; pero que, sin embargo, por la época en que nos encontramos parecería ser casi de ciencia ficción cuando hoy lo que se entiende por comunicación no permite demoras. Si no es instantáneo no sirve. Porque en la era digital el tiempo no existe.

La historia temporalmente está ambientada en los años 70. Y ubicada en dos continentes: por un lado, la lejana Australia de una niña; y por otra, en la inhóspita Nueva York de un cuarentón ateo.

Dos historias que confluyen mediante correspondencia. Una correspondencia dulce, cándida, llena de inquietudes para lograr imaginar las realidades ajenas e inalcanzables de cada uno. Y realidades por cierto desteñidas cada una en su tono:

 

En sepia

mary

Mary es una niña Australiana de baja autoestima pero con una gran imaginación. Su padre, quizás la persona con la vida más monótona y poco interesante del país, es aficionado a la taxidermia y trabaja cociendo los hilos que permiten sacudir las bolsitas de té. En contraposición, su madre es un desastre: cleptómana y adicta al jerez. Mary crece dentro de esta familia disfuncional y con un triste historial de rechazo y soledad.

Su historia se destiñe en sepia. Los tonos sepias marcan con cierta poesía y delicadeza la desdicha de una niña como si se tratase de una vela encendida a punto de apagarse y sin embargo con una nota de que aún hay esperanza porque su vida recién comienza. Por lo demás otorga cierta atmósfera campestre. De polvo y tierra. De una tierra lejana y seca. Lejos de todo. Lejos, muy lejos. Tan lejos que los colores aún no han sabido de su existencia.

 

Blanco y negro

max

La historia blanquinegra es la de Max (interpretado por Philip Seymour Hoffman), un cuarentón ateo que sufre de autismo y es fanático del chocolate. Es un hombre extraño. Sin amigos. Con serios problemas de obesidad. Vive en un lúgubre Nueva York de dos colores: blanco y negro. En donde el caos de una metrópoli desquicia a cualquiera. Porque las noches no son negras si no blancas e iluminadas por las luces de la ciudad que nunca duerme; y los días no son blancos, son negros al suceder todo bajo la penumbrosa sombra de los enormes e invasivos rascacielos.

Su historia se destiñe en estos tonos mucho más fatídicos que los de Mary. Porque su historia es el reflejo de la infelicidad misma. De una vida prácticamente ya consumada. De la soledad por una seguidilla de eventos trágicos y al ser poseedor de una personalidad púdica y lógica, que no da espacio para las emociones.

 

Cartas que tiñen

Lo lindo de la película, y lo que sin duda la consagra como bella y cautivadora es esta idea de amistad epistolar. Lo que significa tanto para una niña solitaria como para un viejo infeliz, el gesto lejano de un otro. Un gesto que no hace más que teñir su existencia. Como si cada vez que abriera una carta, de esta salieran colores. Alguien al otro lado del mundo piensa en ti. Ahí lo bonito y conmovedor. Y si a todo ello le sumamos el arte mismo del film con un stop motion en plasticina genial, poco queda que agregar.

Recomiendo ver esta película considerando esta idea de comunicación no como obsoleta sino como pasada. Porque ojalá no llegue nunca el día en que deje de hacerse. Una carta no tan solo lleva un mensaje. Lleva la tinta, el roze de la mano de quién la escribe, huellas, el aire… Lleva los momentos, las pausas, las dudas. Y también borrones a causa de indecisión, de caligrafía temblorosa, incluso de lágrimas; o viajan perfumadas con fragancias que evoquen instantes, estados de ánimo o incluso: a la persona misma.

Mary and Max (2009)
Mary and Max poster Rating: 8.2/10 (98025 votes)
Director: Adam Elliot
Writer: Adam Elliot
Stars: Toni Collette, Philip Seymour Hoffman, Barry Humphries, Eric Bana
Runtime: 92 min
Rated: NOT RATED
Genre: Animation, Comedy, Drama
Released: 9 Apr 2009
Plot: A tale of friendship between two unlikely pen pals: Mary, a lonely, eight-year-old girl living in the suburbs of Melbourne, and Max, a forty-four-year old, severely obese man living in New York.